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miércoles, 13 de agosto de 2014

Te odio...

     ¿Crees en el destino? Yo no lo sé. Es decir, me gusta saber que lo que hago nace de mi decisión de hacerlo, sin embargo me es inevitable no desear que haya un ente, cualquiera que sea, que mueva los hilos de mi vida de forma que tome determinados cursos. Quiero creer, que el destino es una mezcla de ambas cosas, entre mi decisión, y un libro que registra esas decisiones antes de que incluso las tome.

     En ese libro estás tú, un alma cansada que habita en el cuerpo de una joven, muy linda por cierto, de 21 años. Yo tomé la decisión de conocerte, pero fue el destino quién te puso en mi camino. ¿Qué te motivo a subir relatos a la web? ¿Qué me motivo a leerlos? ¿Por qué leí precisamente uno escrito por ti?, lo cierto es que sucedió, y no me arrepiento.

     Quisiera ver en retrospectiva todas estas conversaciones que me han ayudado a hacerme una vaga imagen de ti, pero me resulta difícil, es como si hubiese mucho más de lo que pudiese imaginar, como si hubiesen transcurrido años en solo dos semanas. En un solo día, yo podría haberte conocido 10 años, y sin embargo, siento que aún hay tanto; Bajo ese pensamiento fue que comprendí que lo que dices es cierto, que realmente eres un alma que ya ha vivido demasiado, incluso cuando yo crea que nunca es demasiado, incluso cuando yo pretenda que ésta no sea tu última, pero ¿quién soy yo para pretender cualquier cosa en tu vida?

     Tú, sin embargo, eres una estrella que no sabe que brilla. Eres agua que cae del cielo y no sabes todas las flores que retoñan por ti. Eres lo que se encuentra en medio del infinito. Tú eres el arcoíris pidiéndome que le enseñe a colorear. ¿Acaso no es gracioso eso?, dar rienda suelta a mis letras, es fácil cuando se trata de ti. Eres… inalcanzable.

     Te odio, quiero que lo sepas, y que jamás lo olvides, te odio porque me pediste que lo hiciera. Te odio, porque mi alma se enriquece cuando te escucha. Te odio porque es la única pasión que se me permite sentir. ¿Qué soy yo si no un cordero obediente que vaga por los laberintos de éste mundo, que por ahora, es nuestro?

     ¿Te desconcierto? Es el destino haciendo puntos conmigo, porque tú vives desconcertándome. Y si, también te odio por eso. Te odio por tantas cosas, que si no pudiese llenarlas con odio, no sé qué sería de mí, porque si algo es cierto, es que debo llenarlas con algo.

     Es gracioso que me guste tu sonrisa, nunca la he visto.

     Yo, quiero ser una piedra anclada en la orilla del río de tus emociones. ¿Orilla?, olvídalo, yo quiero estar en el medio, quiero ser quién te salve cuando te sientas ahogada en ti misma. Aunque ése no sea mi puesto, aunque no haya nacido para ello, hoy, ahora, quiero serlo. Porque yo quiero ver a la luna sonreír, y vagaré por el mundo entero si es necesario, para hacerlo. 

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